DANZANDO CON EL TDAH

 

Hace unos días me encontré con la ingente tarea de intentar definir qué es el TDAH y de paso justificar por qué hablamos de “Duende del Tdah”… Y aquí me encontraba yo, a las tantas de la noche (soy más búho que alondra, que le vamos a hacer), delante de la pantalla y sufriendo eso que llaman “el-no-se-qué-del-folio-en-blanco”.

La metáfora del Duende del Tdah fue fácil de explicar y en poco tiempo tuve redactado el texto; un relato que surge casi a vuelapluma, que brota de forma espontánea y constante del mismo modo que fluye un arroyo, ligero y rápido, carente de toda consideración sesuda y académica, y que apenas tuve que corregir en una segunda lectura.

Desde tiempos inmemoriales en España se popularizó la expresión “tener duende” para referirse a aquellos que fueron tocados con un Don especial, un arte que no se puede aprender, una virtud con la que se nace. Aquellos a los que acompaña su Duende son respetados y admirados, y muy a su pesar, no pocas veces envidiados. Es un don que te proporciona tantos beneplácitos como disgustos, un pensar, un vivir, un sentir y un discurrir por la vida de forma alternativa y casi siempre vanguardista.

Esta visión se desliga completamente de la acepción mágica del término “Duende”: el hecho de tener duende no tiene vinculación ninguna con la magia o con cualquier disciplina esotérica. Es una condición con la que se nace o no se nace, y por tanto no se puede “curar”.

La similitud con el Tdah es tal que, a mi entender, sobran más explicaciones.

Creo que el relato quedó claro, conciso y didáctico, y mi “ego” muy satisfecho por lo sencillo que me había resultado su redacción.

Así que me dispuse a escribir la segunda parte, “¿En qué consiste el Tdah?”. Me lancé a la tarea con el firme propósito de acabarla pronto, plenamente convencida de que me sería igual de fácil elaborar el texto y lo tendría listo en un periquete.

Que equivocada estaba, que mal anticipamos los tocados por el Don….

No sé cuántas horas podía llevar ya escribiendo y desechando borradores cuando se produjo ese momento de inspiración del que Picasso decía algo así como “que te pille trabajando”.

Mi creatividad se dispara en ese preciso momento en que en el firmamento son capaces de convivir el Sol y la Luna. Justo ese instante donde la luz de la Luna se enreda entre los primeros rayos del Sol y empiezan a gestar una maravillosa Danza de luz y color, de sombras y misterios, tan intrigante y atrayente como llena de secretos ocultos y relatos luminosos. Observando esa danza hipnótica se despertó mi duende y surgió este relato.

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El TDAH es una bonita, compleja y sutil danza porque:

En la danza habitualmente uno dirige y otro se deja llevar (no tienen por qué ser siempre los mismos; esos roles son intercambiables cuando ambos danzantes tienen la misma destreza, pero no si uno es profesor y el otro alumno). En cualquier caso, la danza resultante siempre va a ser una “elaboración” conjuntaTrabajamos para ser nosotros los que dirijamos la “danza” de nuestra vida, aunque alguna vez nos dejamos llevar por el tdah (es así aunque nos guste poco y cuanto antes lo asumamos más felices seremos).

La danza nunca transcurre en línea recta. Para llegar de A a B se dan vueltas, giros y piruetas… ¡¡pero SIEMPRE LLEGAMOS!!

La danza tiene una connotación de diversión y celebración. Convivir con un Tdah detectado y bien tratado ES divertido, por eso nos esforzamos hasta lograrlo. Por otro lado, saber por fin que es lo que te pasaba durante tantos años, y que además tiene tratamiento y posibilidades de mejora, es motivo de celebración para muchos.

La danza puede practicarse en solitario, pero siempre es más divertida, “fácil” y vistosa cuando se comparte con otr@/@s. Y ya se sabe que encontrar un amig@ con tu mismo trastorno no tiene precio.

Dicen que la danza es algo que se gesta en la cabeza para que llegue al corazón (¿o es al revés?). Igualmente el tdah es algo aparentemente gestado en la cabeza que toca, influye, modifica y llega al corazón. Al corazón de aquel tocado por el tdah y de aquellos que conviven con él.

Para que una danza resulte realmente buena, bonita y armónica es imprescindible un buen director de escena que dirija, coordine, enseñe y supervise a los artistas a su cargo y los recursos de que disponen.Hoy en día no es fácil encontrarlo…

Yo he tenido la enorme suerte de contar con una gran directora y puedo presumir de espectáculo porque nos está quedando una danza/convivencia con mi tdah de fábula.

Y así, danzando y viviendo, transcurre mi historia.

                                                                                                                                                                                                              La sombra del tdah